Ignorantes supinos

A veces me suceden cosas que, por su forma de generarse, pienso que solo me ocurren a mí, sin embargo algo me dice que no, y que situaciones como la que me tocó vivir recientemente, pero extrapoladas al terreno político, pueden alterar y de hecho alteran negativamente el bienestar de la ciudadanía.
Me explicaré. Recibí de la administración de mi comunidad una convocatoria de reunión de vecinos con objeto de tratar la cuestión requerida por ley, relativa a la eliminación de barreras arquitectónicas existentes en nuestro edificio. Normalmente, no suelo acudir a este tipo de reuniones que en más de una ocasión me han parecido avisperos donde los aguijonazos se substituyen por disparates y tarascadas, que he percibido en algunas de las que he tenido el infortunio de asistir, y cuyo resultado han sido únicamente estériles diálogos para besugos que no conducen absolutamente a nada, pero de los que se sienten a gusto bastantes ignorantes supinos en busca de su momento de gloria.


Como cualquier humano, también cometo errores, de modo que al asistir a la mencionada reunión, me anoté uno más. Para empezar, aquella reunión fue convocada en un lugar apropiadísimo para ello pues, como todo el mundo sabe, los portales de entrada a los inmuebles están pensados para eso, y el nuestro no es ninguna excepción. Gran parte de miembros de mi comunidad encaramos ya la recta final de nuestras vidas y ya no tenemos el vigor de antaño, a causa de ello, una imagen patética desprendía aquella reunión viendo a mayores sentados en las frías escaleras, otros apoyados contra las paredes, algunos más sentados en variopintas sillas traídas de sus hogares y al resto de pie, pero sufriendo.
Acudí a la segunda convocatoria de la reunión, pero ya estaba en pleno apogeo, por lo que consideré prudente escuchar con atención lo que exponía quien, de pie, estaba en posesión de la palabra (el administrador de la finca, creo), flanqueado por dos vecinos que, probablemente, eran los presidentes de escalera. Tal vez fuera por llegar tarde a la reunión, o por mi modesto caletre o por ambas cosas, el caso es que, de aquella larga exposición del administrador, entendí que era necesario hacer unas obras en el portal consistentes en tres rampas de obra y, no recuerdo ahora, cuantas plataformas elevadoras adicionales y, para tal fin, existía ya un proyecto realizado por un profesional del ramo. El elevado coste de las obras que el administrador mencionó, hizo que algunas personas manifestaran su descontento, algo absolutamente comprensible si se tiene en cuenta que muchos de los presentes en la reunión éramos jubilados no procedentes de la política ni del sector de gestión de altos vuelos.
Siempre he mantenido que las leyes, nos gusten o no, deben cumplirse y la de eliminación de barreras arquitectónicas no es ninguna excepción. Dicho esto y, tras ciertas puntualizaciones que hice al administrador, le pregunté cuál era la ley reguladora de la cuestión, y si exigía la implantación en nuestro portal de rampas, plataformas elevadoras o ambas, pues si solo obliga a una de las dos soluciones ¿para qué queríamos gastar en algo no exigible por ley? Su respuesta no me dejó ninguna duda de que no dominaba la cuestión en absoluto, algo sorprendente para mí, pues creo que ese tipo de profesional debe estar al corriente de todo aquello que pueda evitar gastos innecesarios a la comunidad que administra – otro pofesional sin r -. Sí, soy consciente de que, a mi edad, sigo siendo un ingenuo.
Parece que mi punto de vista sobre lo que el administrador nos proponía, no gustó a uno de los que lo flanqueaban, por lo que, de repente y en actitud amedrentadora, me espetó: «Usted ha venido aquí a reventar esta reunión». Nada le contesté y, casi de inmediato, me di la vuelta y me fui a casa, en cuyo recorrido me acompañó este pensamiento: «este personaje, ha confundido una reunión de comunidad de propietarios con un mitin político… ¡lamentable!». Ignorantes supinos como este, desgraciadamente abundan en este país nuestro y, lejos de poner remedio para salir de su ignorancia, tratan de imponer su criterio utilizando medios más o menos coercitivos y, extrapolando la cuestión, votan también a quienes no hacen ascos a los violentos para imponer sus ideas. Ejerciendo otra vez de ingenuo ¿Cuándo nos dejarán en paz tipos así?

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