Reparación de un interruptor de luz de frigorífico, o como matar pulgas a cañonazos

Soy plenamente consciente de que ciertos productos no merece la pena repararlos cuando se averían, pues, debido a su bajo coste, es preferible substituirlos por otros nuevos; no obstante, pueden existir circunstancias – generalmente relacionadas con la antigüedad de los productos, o imposibilidad de adquirirlos con las mismas dimensiones para que quepan en su alojamiento, etc. – en que la reparación, puede imponerse a la substitución; este es, precisamente, el caso de la reparación que seguidamente describiré, la cual no sería exagerado calificarla de «matar pulgas a cañonazos», pero, como queda dicho, las circunstancias obligan.
Una tarde, al abrir el frigorífico, observé que no lucía su iluminación interior y, pese a actuar manualmente el interruptor de su puerta, no obtuve ninguna respuesta, aunque el frigorífico funcionaba con normalidad. Así pues, todo parecía indicar que el interruptor era el culpable del fallo, pues, la bombilla de 15 W no estaba fundida. No sin cierta dificultad, extraje el interruptor de su alojamiento, tras lo cual, lo desconecté de sus cables. El interruptor era del tipo desmontable, de modo que, al pinzar sus laterales, se destrinca la tapa por la que asoman sus terminales de conexión, dejando así al descubierto su interior (ver Fig. 1).

Fig. 1

La avería del interruptor era la rotura de uno de sus contactos eléctricos, que también actúa como lámina muelle: son las piezas de cobre de la derecha de la Fig. 1, cuyo sitio de rotura está señalado con las flechas 1. Esta pieza se alojaba en el sitio señalado con la flecha roja, de modo que los contactos C1 y C2 solo se unían cuando la puerta del frigorífico, al abrirse, provocaba el giro de la pieza P1 bajo el efecto de un muelle que incorpora el interruptor (no visible en la fotografía) que, a su vez, hace girar una palanquita de plástico transparente P2, solidaria de P1, que provoca la unión de los dos contactos.
La primera reparación que traté de llevar a cabo fue un fracaso, pese a haberle dedicado bastante tiempo; la segunda fue la exitosa, y me costó mucho menos tiempo. Antes de entrar en detalles, quiero decir que tengo la costumbre de desmontar muchos de los aparatos que tiro, finalizado su periodo de utilidad, y quedarme con las piezas que creo pueden serme de utilidad en el futuro. Debido a esto, dispongo de muchos componentes eléctricos y electrónicos, por lo que, también en esta ocasión, recurrí a ellos para encontrar alguno que pudiera valerme para realizar la reparación, con tan buena suerte que encontré un micro interruptor cuyo tamaño me venía de perlas para tal fin (ver Fig. 2).

Fig. 2

Para poderlo alojar en la carcasa del interruptor averiado, modifiqué el micro interruptor como se ve en la Fig. 3.

Fig. 3

También modifiqué la carcasa del interruptor como se ve en la Fig. 4: lo marcado en rojo representa el material de plástico eliminado, y lo marcado en azul representa el cobre eliminado. Hecho esto, introduje el micro interruptor en el interior de la carcasa de plástico, como se ve en la Fig. 5, y lo conecté eléctricamente con los terminales del interruptor, como señalan las líneas rojas de la Fig. 6

Fig. 4

Fig. 5

Fig. 6

Finalmente, volví a instalarle su tapa y lo coloqué de nuevo en su alojamiento del frigorífico, el resultado fue y sigue siendo irreprochable.

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